El doctor de la enfermedad incurable
Al terminar de escuchar al doctor por teléfono, mi día no terminó igual. Tenía información que no quería recibir y que estaba adentro de mí. Información que a simple vista no se me notaba, pero que necesitaba saber. Y en este camino que empezó hace 6 años esas llamadas se han repetido y pienso que me parezco mucho a una Matrioska. Una muñeca tradicional de Rusia, que a simple vista parece solo una, pero que es un conjunto de muñecas una dentro de otra.
1. El diagnóstico
Si ya te sientes enfermo y tienes síntomas que algo no está bien, un diagnóstico es una respuesta y un camino a seguir al tratamiento. Pero también puedes recibir diagnósticos que nunca anticipaste, como mi caso al recibir el diagnóstico de melanoma. En cualquiera escenario recibir un diagnóstico de una enfermedad es difícil y en ese momento existe sorpresa, deseo de entender, cuantificar lo que representará, aceptar la incertidumbre y no abandonar la esperanza de recuperarnos.
10 Tú, pues, siervo mío Jacob, no temas, dice Jehová, ni te atemorices, Israel; porque he aquí que yo soy el que te salvo de lejos a ti y a tu descendencia de la tierra de cautividad; y Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante.
11 Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.
12 Porque así ha dicho Jehová: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. 13 No hay quien juzgue tu causa para sanarte; no hay para ti medicamentos eficaces. 14 Todos tus enamorados te olvidaron; no te buscan; porque como hiere un enemigo te herí, con azote de adversario cruel, a causa de la magnitud de tu maldad y de la multitud de tus pecados. 15 ¿Por qué gritas a causa de tu quebrantamiento? Incurable es tu dolor, porque por la grandeza de tu iniquidad y por tus muchos pecados te he hecho esto
Jeremías 30:10-15
En estos pasajes de Jeremías, Dios describe una condición de enfermedad del pueblo que estaba en su interior: incurable, dolorosa, de la que nadie quiere hacerse cargo, que hiere, grande, imposible de llevar y para la que no hay medicamentos. Esto suena a un diagnóstico, pero Dios está hablando de la condición de pecado con la que todos nacemos. La magnitud de la maldad de los pecados en nuestro corazón nos sobrepasa. Sin embargo es una condición que Él conoce porque primero Dios declara que Él está con su pueblo, que Él los escogió y que no los dejará.
2. El doctor que provee la sanidad
En el primer tratamiento que recibí para el melanoma aprendimos de muchos exámenes y términos que desconocíamos, incluso el tratamiento mismo fue nuevo, desde su nombre hasta su aplicación y las reacciones que me causaban en el cuerpo, me encontré agradecida por todo lo que pude recibir y fue algo que el seguro médico cubrió. Al estar atravesando esos días le dije a mi esposo: yo sé que no soy la candidata que los seguros médicos buscan y cuando recibimos la noticia que necesitaba recibir inmunoterapia nuevamente, esta vez el seguro médico no autorizó ningún tratamiento, medicamento, examen o consulta relacionado a ello. Tener una enfermedad que solo nombrarla representa una carga y darte cuenta que adquirir el tratamiento es limitado le agrega más peso a esa carga.
Damos muchas gracias a Dios porque la respuesta a recibir el tratamiento llegó por medio de uno de los sistemas de salud en Guatemala. Al entrar por primera vez a buscar una cita en este instituto, los horarios, el acceso y la información fue nueva. Salí del lugar tratando de asimilar lo que ahora representaría recibir la atención médica; en tiempo, largas filas, incertidumbre y trato del personal. Pero sobre todo con el corazón cargado por tantos casos como el mío en ese lugar, donde el ambiente de esperanza se puede oscurecer y donde todos estamos esperando una solución. En la primera cita que tuve, el doctor a quien esperaba conocer, no me recibió y solo envío un mensaje con alguien más acerca de mi papelería incompleta. Entrar a una clínica con un diagnóstico de una enfermedad incurable, pero encontrar a un doctor que envía a alguien más para preguntar tu caso y ni siquiera toma el tiempo para verte, es otra carga más.
Vivir cada día en esta situación es posible, únicamente por Dios. Quien nos da la convicción de responder aceptando que lo necesitamos a Él en nuestro corazón. Porque Él desde antes de permitir cualquier enfermedad de nuestro cuerpo, ya tenía la solución inquebrantable para la enfermedad de nuestro pecado, en amor, perdón y salvación. Su plan no es la destrucción, es la redención. Conocer la buena noticia del evangelio es la forma en la que Dios nos ha recordado que está con nosotros aún en el momento más angustiante y ha evidenciado su cuidado cada día de muchas formas y por medio de muchas personas.
16 Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. 17 Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda.
18 Así ha dicho Jehová: He aquí yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado según su forma. 19 Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de nación que está en regocijo, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los multiplicaré, y no serán menoscabados. 20 Y serán sus hijos como antes, y su congregación delante de mí será confirmada; y castigaré a todos sus opresores. 21 De ella saldrá su príncipe, y de en medio de ella saldrá su señoreador; y le haré llegar cerca, y él se acercará a mí; porque ¿quién es aquel que se atreve a acercarse a mí? dice Jehová.
Cuando nacemos, Dios ya tiene la cura más grande que necesitamos. Tenemos una cita que el mismo hizo, que está esperándonos y que anhela que lleguemos por la ayuda. Ya tiene todo el medicamento, hizo todos los trámites para encontrarlo y lo pagó por completo. Con tanto amor Dios le anuncia al pueblo que les daría la sanidad que esperaban, en esta ocasión restaurando la ciudad y haciendolos habitar ahí. Dios en su gracia aquí en la tierra nos deja experimentar sanidad de muchas formas. Pero cada una de estas, solo habla de la verdadera sanidad que aquí también se anuncia: la llegada de Jesús, el Único que se pudo acercar al Padre para pedir la sanidad completa que por nuestro pecado todos necesitamos. El príncipe que el mismo Rey dio, que para otorgar la sanidad tuvo que morir y entregarlo todo.
3. Somos del doctor
22 Y me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios.
Si ya todo lo que Dios hizo parece increíble, Dios termina afirmando que no solo estuvo dispuesto a salvarlos, sino los hizo suyos, como lo dijo desde el principio. Y esto es verdad para todo aquel que responde a este llamado confesando a Jesús como Señor y Salvador.
Somos del doctor, que deja la cita abierta para llegar todos los días. Que nos llama a responder con agradecimiento y gozo al ver toda su obra. Somos del doctor, que conoce que necesitamos regresar a Él todos los días. Porque tenemos un corazón olvidadizo: que muy rápido se desvía a pensar que podemos solos, que la salvación es por nuestros méritos, que se enoja y pierde la paciencia cuando no somos tratados como queremos, que se enfoca en buscar la felicidad y el agradecimiento en otras fuentes.
Somos del doctor, que abrió la cita por medio de Su Hijo, que nos está esperando para estar con nosotros y enseñarnos, en cada dolor, cada pérdida, cada relación rota, cada enfermedad, cada incertidumbre, cada cambio, cada espera…
Somos del doctor que conoce cada una de nuestras angustias, congojas, miedos y lágrimas y que está dispuesto a acercarse porque nos entiende y quiere cargarlas por nosotros todos los días.
Somos del doctor que está interesado en transformar nuestro corazón para estar con Él para siempre.
Somos del doctor que nos conoce a cada uno por nombre, y no se cansa de vernos.
Somos del doctor que conoce cuantas capas tenemos por dentro y en cada una tiene un propósito.
Somos del doctor que diseñó cada camino para que veamos que su presencia es lo único que necesitamos para encontrar agradecimiento, gozo y paz.
Todos los días a través de la oración, abrir la Biblia y por los méritos de Jesús, nuestra cita está abierta.
Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados. Pues ustedes andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de sus almas. 1 Pedro 2:24